“¿Cómo ves? Aquí tu hermano dice que el plátano es una fruta naca.” Y yo digo: “No, cómo va a ser, el plátano es una fruta muy buena, es una de las frutas favoritas de los corredores.”
Me acordé más tarde del tema, y pensé: “El hecho de que el plátano sea una de las frutas favoritas de los corredores no necesariamente apoya la tesis de que el plátano no es una fruta naca; de hecho, podría ser evidencia de que correr es un deporte naco.” Y pensándolo bien, creo que correr es en buena medida un deporte naco. Y creo que esa es justamente una de las razones por las cuales me gusta tanto correr.
Sí, correr es simple, barato, y no es pretencioso. Cualquiera puede animarse a correr, y encontrar un parque, o ni siquiera eso, simplemente salirse a la calle en tenis y shorts, y correr un buen rato en las banquetas. No hace falta ser rico. Tener más dinero no ayuda a correr más rápido, ni más lejos. Incluso a nivel profesional, los corredores de fondo suelen ser, en general, gente sencilla. Hay excepciones, claro, y en carreras de velocidad (100, 400, 1500 metros), hay atletas muy engreídos. Pero yo he tenido la oportunidad de ver y leer entrevistas con maratonistas muy famosos, y (salvo un caso) son gente sencilla.
Recuerdo por ejemplo cuando Khalid Khannouchi ganó el maratón de Chicago, por cuarta vez, en 2002. Llegando a la meta, se arrodilló, besó el piso, y cuando levantó la cara, estaba llorando. Llega el reportero unos segundos después para una entrevista. Le pregunta que qué pasaba por su mente por allí del kilómetro 39, cuando tomó el liderato en la carrera, y Khannouchi contesta, todavía con un nudo en la garganta: “Sólo esperaba poder mantener el paso que traía hasta llegar a la meta”. Khannouchi era el mejor maratonista del mundo en ese momento. Imagínense la actitud de “el mejor del mundo” en otras disciplinas.
Recientemente, leí en Runner’s World un artículo sobre Bill Rodgers, que ganó los maratones de Boston y Nueva York varias veces en los años setenta. Todavía corre carreras, y le encanta la parte social de las mismas, platicar con el organizador, y con los corredores, y con los voluntarios. Y le encanta la comida, sobre todo comida muy pesada (hay una foto famosa suya donde está comiendo pizza con mayonesa… dicen que es la única persona que ha logrado ser al mismo tiempo un corredor de fondo y una persona con colesterol alto). Y termina el artículo describiendo una escena, al final de una carrera, cotorreando con otros corredores, sentándose a la mesa en la zona de comida del evento, listo para entrarle al “chili” (una especie de frijoles charros que se come por estos rumbos), con una sonrisa de oreja a oreja. Le dice el reportero: “Nada mejor que esto, ¿verdad?”, y Rodgers le contesta, sonriendo, alzando un trofeo que se acaba de ganar: “La victoria es dulce”.
Y yo, por mi cuenta, disfruto mucho no sólo de correr en general, sino también, en particular, de participar en carreras. Correr es simple, y, como dice Meb Keflezighi, otro gran corredor de fondo, las carreras son de lo más simple que hay: el primero que llegue de aquí a allá gana. Y llegado el día, me pongo mis tenis, mis shorts viejos, una playera que me dieron con mi inscripción a alguna carrera anterior, me tomo mi café, me como un plátano, y me voy a correr una carrera más. Y después de cruzar la meta y recuperar el aliento, me formo en la fila para tomar un poco de agua, comer un poco de pan, y echarme otro plátano, bien ganado, con el sudor de mi frente y de todo mi cuerpo. Y me sabe muy bien. Y miro a mi alrededor, y todos estamos en shorts, usando playeras que nos dieron en carreras anteriores, unos todavía corriendo, llegando a la meta, otros platicando con otros corredores, contentos, otros haciendo fila para tomar agua o comer algo. Y me siento orgulloso de ser corredor, como ellos. Aquí no hay VIPs, y eso sabe igual de bien que el pan y el plátano que me acabo de comer.