Te entiendo, Herculano
¿Recuerdan esa canción de Chava Flores, Herculano? “Justiniano, Luciano, Ponciano, son tres nombres con fin maloliente…”, etc. Y el buen Herculano, harto de las burlas, va al juzgado a cambiarse de nombre. Se presenta con el juez, y “el juez, alburero y villano, luego luego le dice: ‘Me presta’”. Y Herculano, deseando tener en su nombre “lo profundo de un sabio del mundo”, elije como nuevo nombre “Profundo”. Y cierra la canción con la despedida del juez: “A sus órdenes don Profundillo, y si puede también me lo presta.” Pues algo por el estilo conmigo.
Empecemos por el principio. Mis papás decidieron ponerme “Gabriel Alberto”. Si abrevias el segundo nombre, lo cual es muy común para papeleos y demás, queda “Gabriel A”. Ajá, casi “Gabriela” (el otro día me pararon en el aeropuerto por eso). Y de chiquito, en mi casa, me decían “Gaby”, lo cual es perfectamente común en otros países, donde, además, lo escriben como “Gabi” (¿por qué en México le ponemos “i griega” a los nombres que acaban en “i”?). Pero claro, en nuestro país, como hay que ser machos, alguien decidió que había que usar “Gabo”, “para hombres”, para distinguirlo del “Gaby”, que es “de mujeres”. Así que por allí de los once o doce años, la edad en la que uno empieza a padecer en la escuela los inconvenientes cotidianos de ese “tener que ser machos”, entre el “Gabriel A” y el “Gaby”, no me la acababa. Pedí, insistí, supliqué en casa que dejaran de decirme “Gaby” y me dijeran “Gabo”, o “Gabriel”. Tarde o temprano, se logró el objetivo, y las burlas disminuyeron.
Fuera de casa, el “Gabriel” era lo común, salvo por uno o dos amigos que me decían “Gabo”. En la universidad como que se me antojaba convertirme en “Gabo” en lugar de “Gabriel”, pero a mí casi todos ya me conocían como “Gabriel”, así que no resultaba práctico el cambio —ni original, porque había “Gabos” en otros semestres. Dejémoslo en “Gabriel”, pues.
Más tarde, decidí venirme a los EEUU. El primer día (de verdad, el primer día) un brasileño me pregunta:
—¿Cómo pronuncias tu nombre?
—Gabriel.
—Eso pensé, pero le pregunté a la coordinadora del programa por “Gabriel” y no entendía, pensó que le estaba preguntando por una mujer.
A ver, a ver, barájamela más despacio.
—¿Por una mujer?
—Sí, si dices “Gabriel”, aquí les suena como “Gabrielle”, que es nombre de mujer.
Otra vez la burra al trigo…
No parecía que fuera a ser una lata, de cualquier modo, porque los gringos me empezaron a decir “Guéibriel” (Gabriel, en inglés). Pero un día, casi al principio del curso, una maestra me preguntó:
—Guéibriel… así no se dice, ¿verdad? ¿Cómo pronuncias tu nombre?
—Guéibriel está bien.
—No, ¿cómo lo pronuncias tú, cuál es la forma correcta de decirlo?
—“Gabriel”.
—Es difícil, ¿hay algo más fácil? Por ejemplo, ¿cómo te dice tu mamá?
—Gabo.
—¿“Gabo”? OK, “Gabo”. Eso está mejor.
Y yo pensé: Esta es mi oportunidad para convertirme en “Gabo”, aquí todavía nadie se ha acostumbrado a decirme “Gabriel”. Así que me convertí en “Gabo”, primero por estos rumbos, y poco a poco también en México, donde varios de mis amigos se dieron cuenta del cambio y generosamente lo aceptaron. Listo, al fin el nombre que quería.
Pero claro, nada es tan fácil, ¿verdad? Tenía que haber alguna trampa. El primer problema resultó ser que si me presentaba como “Gabo” la mayoría de la gente no tenía idea de cómo me llamaba. Tenía que repetirlo, o de plano decir “Guéibriel, pero me dicen ‘Gabo’”. Y claro, también tenían problemas para escibirlo (“Garbo”, “Gabor”,…). De todos modos yo continué usando el “Gabriel” para todo lo “oficial” (papeleos, cuentas de sitios de internet, etc.). Y me acostumbré a que, al presentarme, lo mejor es “Gabriel (o Guéibriel), pero me dicen ‘Gabo’”.
Cuando entré a trabajar a donde trabajo ahora, me preguntaron: “¿Cómo quieres que aparezca tu nombre en tu cuenta de e-mail, y en el sistema? ¿Prefieres ‘Gabo’ o ‘Gabriel’?” Y decidí usar “Gabo”, dado que en mi equipo hay un “Rick”, un “Chris” y un “Bob” (así aparece su nombre en sus e-mails). Listo. Contento de ver “Gabo Lopez-Calva” en mis e-mails. Pero claro, no hemos terminado. En todo este tiempo, no me había topado con una curiosidad más del idioma inglés relacionada con mi nuevo nombre. Para los americanos, “a” es “ei” (como en el alfabeto: “ei-bi-ci…”). Así que los que nunca han oído “Gabo”, tienden a leerlo como “Gueibo”. Un día, un colega me pregunta: “¿Cómo pronuncias tu nombre? (yo pensaba “mira nada más, nunca me habían hecho esa pregunta…”) ¿Prefieres ‘Gabo’ o ‘Gueibo’?” Y le dije “Gabo”. Pero noté como que mi compañero estaba un poco avergonzado de preguntarme, y sentí como que no era pena por no saber decir mi nombre, sino como que había algo más. Lo comenté con Olesya, y, en efecto: Si lo dices rápido, “Gabo” o “Gueibo” como que da igual, pero si lo dices despacio, con un acento muy gringo, suena como “Gueei-bouu”, que suena casi igual que “gay boy” (chavo homosexual). Ah, que la ching…
Dicen por allí que una de las ventajas de hacerse viejo es que cada vez te molestan menos las burlas. Y es cierto. El otro día otro colega me saludó: “Hola, Gueibou ¿cómo estás?” Otro que no me ha oído decir mi nombre, pensé. Bueh… A estas alturas, no vamos a entrar en aclaraciones, si le da risa o no, la mera verdad, ya me vale madres.
Así que ya ni regrese al juzgado, don Profundo, evítese el trámite. Ya verá que en unos añitos las bromas le hacen lo que el viento a Juárez.
Jaja, muy bueno. Todos tenemos algún fantasma así que reaparece cuando menos lo esperamos. A veces con el nombre, a veces con un apodo, o con cualquier otro tema. A mí siempre me ha caído en la punta de… que me digan “Pablito”, pero me veo en un espejo y me digo a mí mismo “¿cómo no te van a decir Pablito con esta carita de pen…?” Fantasmas. ¿Remeber the unwanted “nice-guy” halo?
Comment by Anonymous — September 17, 2009 @ 9:04 pm
Typo en mi comentario anterior, era “Remember”, evidentemente. Pero aprovecho para comentar que en esa misma canción de Chava Flores dice que llamarse Próculo “ya es un descaro”, jaja. Genial el buen Chava Flores, padre de Pituca y Petaca
Comment by Anonymous — September 18, 2009 @ 1:07 pm
Me encantó tu post. Muy divertido y me identifico muchísimo, imagínate siendo mi nombre María de Lourdes…he tenido de todas las combinaciones posibles y para rematar me preguntan mi nombre y digo que me llamo Lulú…(que escriben muchas veces Loulou) En fin, las anécdotas abundan pero mejor dile a Jerónimo que te cuente el chiste de Juan Caca.
Saludos.
Comment by Lulú — September 23, 2009 @ 9:06 pm
A mi me dicen Enriqui, Enrico, Ricky, Anrike, y cuando uso el Kike me lo han pronunciado “caiqui” (como Nike es “naiqui”). Por lo menos en el gabacho hacen un esfuerzo por aprenderlo y pronunciarlo bien. En Mexico ya ves que somos “licenciado”, “gordo” “compa”, “cuate”, “guey”…
Comment by Kike — September 28, 2009 @ 6:17 am